Capítulo 1: El Inicio de la Historia
¿Cuál es el acontecimiento principal que da inicio a "La Vida es Sueño de Calderón de la Barca"?
Revisa el primer párrafo del capítulo.
"Una inolvidable fábula sobre la perseverancia, la humildad y el valor del esfuerzo constante frente a la vanidad."
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¿Qué valor demostraron los personajes ante las dificultades?
Observa la actitud positiva de los personajes.
¿Qué aprendizaje fundamental se revela en este momento crucial?
Reflexiona sobre el desenlace del conflicto.
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¿Qué mensaje final nos deja la obra "La Vida es Sueño de Calderón de la Barca"?
Revisa la conclusión final del relato.
Alineado al Currículo Nacional de la Educación Básica (CNEB - MINEDU)
En las colinas verdes de los valles andinos.
Había una vez en un hermoso valle rodeado de sauces y arroyos cristalinos, una liebre llamada Correcaminos. Tenía unas patas traseras largas y elásticas que le permitían correr a una velocidad asombrosa.
Sin embargo, Correcaminos tenía un gran defecto: era muy presumida y pasaba los días burlándose de los animales más lentos del bosque, en especial de la pequeña y bondadosa tortuga Doña Urraca.
«¡Mírenme todos! ¡Nadie en la tierra ni en el cielo puede ganarme una carrera! ¡Soy la reina de la velocidad!»
Una propuesta valiente que sorprendió a todos los animales.
Una mañana soleada, mientras la liebre se reía una vez más de su lento caminar, Doña Urraca levantó la cabeza, la miró con serenidad y le dijo con voz firme:
«Querida liebre, podrás ser muy rápida, pero yo tengo paciencia y constancia. Te apuesto lo que quieras a que puedo ganarte una carrera hasta la Gran Peña del Cóndor.»
La liebre soltó una estruendosa carcajada: «¿Tú ganarme a mí? ¡Esto será pan comido! ¡Que el sabio búho marque la línea de salida!»
La carrera comienza ante la mirada de todo el bosque.
El viejo y sabio Búho levantó su ala y contó: «¡Tres, dos, uno... A CORRER!». En un abrir y cerrar de ojos, la liebre salió como un rayo, levantando una nube de polvo dorado por el sendero.
Doña Urraca, sin apresurarse ni ponerse nerviosa, comenzó a avanzar: un paso, luego otro paso, firme, constante, con la mirada fija en el horizonte. Aunque iba despacio, nunca se detuvo ni a beber agua.
La liebre decide descansar a mitad del camino.
Al llegar a la mitad del trayecto, la liebre miró hacia atrás y ni siquiera pudo ver a la tortuga. Confiada y llena de vanidad, pensó:
«Esa tortuga tardará horas en llegar aquí. El sol está tibio y el pasto huele delicioso. Me echaré una siestecita bajo este árbol y aun así ganaré con ventaja de sobra.»
Correcaminos se acomodó a la sombra de un gran eucalipto, cerró los ojos y se quedó profundamente dormida, soñando con sus victorias.
El momento en que la tortuga cruza la meta final.
Mientras la liebre roncaba, Doña Urraca pasó a su lado en silencio, paso a paso, sin hacer ruido. Continuó caminando bajo el sol hasta que divisó la cinta roja de la meta y a todos los animales aplaudiendo de emoción.
Los gritos de júbilo despertaron a la liebre. Asustada, se frotó los ojos y vio a la tortuga a escasos centímetros de la línea final. Corrió con todas sus fuerzas, pero ya era tarde: ¡Doña Urraca cruzó la meta y se consagró campeona!
La vanidad y el exceso de confianza pueden hacernos perder el rumbo. No importa cuán difícil parezca un desafío o cuán lentos creamos avanzar: la constancia, la disciplina y nunca rendirse siempre vencen al talento descuidado.
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